Francia tiene una nueva imagen del Holocausto.
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Ensayo invitado
vía Mémorial de la Shoah
En 1950, Robert Doisneau fotografió un beso que seguramente has visto. El hombre y la mujer parecen haber sido detenidos por el deseo en medio del apuro del mediodía, frente al Hôtel de Ville de París. Aunque escenificada, se convirtió casi de inmediato en una de las imágenes más icónicas del siglo XX.
Seguramente sin que Doisneau lo supiera, nueve años antes hubo otro beso capturado en película en París, mucho más espontáneo, igual de apasionado —y muchísimo más desesperado— entre dos judíos a punto de ser separados por la policía de Vichy. Ese beso, encontrado en una hoja de contactos de imágenes de propaganda nazi en un mercado de pulgas de Reims hace seis años, está ahora en el centro de una nueva exposición de 98 fotografías de propaganda nazi en el Memorial de la Shoá de París, curada por Lior Lalieu y por mí. Ese beso, quizá destinado a volverse igual de icónico, revela un momento parisino de mediados de siglo completamente distinto.
Las fotografías ofrecen un registro visual detallado —casi minuto a minuto— de la primera y poco conocida redada de judíos en Francia, ocurrida el 14 de mayo de 1941. Ese día, unos 3700 judíos nacidos en el extranjero obedecieron una citación de la policía de París con un aviso, impreso en papel verde claro (se conoció como la “redada del billete verde”), para lo que creían que sería simplemente una comprobación de sus documentos de inmigración e identidad. La operación fue organizada por un hombre llamado Theodor Dannecker, enviado de Adolf Eichmann en París. Un fotógrafo de la unidad de propaganda nazi de la ciudad estaba presente para observar.
Lo que le da a estas fotografías recién descubiertas su fuerza singular no es solo lo que muestran, sino el hecho mismo de que hayan sobrevivido. Nos recuerdan que el pasado nunca está enterrado del todo, y que las imágenes pueden regresar inesperadamente para desafiar el vacío de la memoria y la representación. Hoy ya no funcionan como propaganda, el propósito para el cual fueron originalmente producidas, sino como fragmentos de verdad —dolorosos, incompletos e indispensables— que permiten comprender mejor cómo se organizó y ejecutó la redada y también vislumbrar el shock, el miedo y el dolor de las víctimas.
Existen apenas unos pocos cientos de fotografías de redadas o asesinatos de judíos de las décadas de 1930 y 1940, una desproporción enorme considerando la magnitud del genocidio. Algunas fueron tomadas por las propias víctimas como actos de resistencia, otras por testigos ocasionales y otras, como esta colección, por un fotógrafo autorizado de la maquinaria propagandística nazi. De vez en cuando, los nietos de los perpetradores nazis encuentran estas imágenes en desvanes y cajas cuando muere la generación anterior.
Este grupo particular de fotografías estaba destinado a documentar una historia de éxito nazi. Comienzan con la trampa. Los hombres judíos y sus esposas fueron convocados a más de 60 lugares de París: comisarías, oficinas administrativas y un centro deportivo en el distrito 11. Las mujeres, según sabemos por testimonios de testigos, recibieron la orden de volver a sus casas para recoger objetos personales; se les entregó una lista. Cuando regresaron, como muestran las imágenes que tenemos hoy, se les impidió reencontrarse con sus familiares varones. Las puertas estaban cerradas y vigiladas por policías franceses. Vemos el dolor de las mujeres, su desconcierto, muchas con paquetes entre los brazos. Vemos a las parejas cuando se separan.
vía Mémorial de la Shoah
Tomadas meses antes de que se decidiera exterminar a los judíos de Europa, estas 98 fotografías no muestran campos de exterminio, cámaras de gas, fusilamientos ni siquiera hambre. Lo que sí muestran es el comienzo cuidadoso y metódico de una separación racial que luego hizo posible el asesinato en masa. El célebre historiador Raul Hilberg llamó a esta fase del genocidio nazi “concentración”. No hay señales de violencia explícita; de hecho, la desesperación de los judíos atrapados y de sus esposas desconcertadas aparece retratada con una extraña sensibilidad por el fotógrafo alemán.
En un primer momento, las fotografías quedaron archivadas por la Unidad de Propaganda Alemana en París. Después de la guerra, seis de las 98 fotos fueron halladas en los archivos del NIOD de Estudios sobre Guerra, Holocausto y Genocidio, en Ámsterdam, lo que indica que habían sido compartidas entre distintas unidades de propaganda de Europa occidental. Algunas otras circularon entre los archivos. Pero la inmensa mayoría permanecía olvidada, sin ser vista, en hojas de contacto hasta 2020, cuando dos coleccionistas aficionados las encontraron en un mercado de pulgas. Llevaron las hojas a Lalieu, directora de las colecciones fotográficas del Memorial de la Shoah de París, quien analizó las imágenes en un esfuerzo por identificar al mayor número posible de personas. Lalieu también identificó al fotógrafo como Harry Croner, un hombre de Berlín que luego tendría una destacada carrera en el Berlín occidental de posguerra como fotógrafo de cine y ópera. (Medio judío él mismo, pasó el final de la guerra en un campo de trabajo).
Después del hallazgo de las fotografías, Lalieu invitó a sobrevivientes de primera y segunda generación al memorial para intentar identificar a sus padres o abuelos en las imágenes. Hubo momentos extraordinariamente conmovedores. Aunque hasta ahora solo cinco intentos de identificación tuvieron éxito, cada uno representa una pequeña victoria frente al encubrimiento nazi y la amenaza de la pérdida de la memoria. Algunas de las fotografías fueron compartidas públicamente por primera vez en 2021.
Un año después de que estas fotos fueran tomadas, a mediados de julio de 1942, unos 13.000 judíos —en su mayoría mujeres y niños— fueron arrestados, sacados de departamentos parisinos y llevados al Vélodrome d’Hiver, un estadio cubierto en el sudoeste de París. Recibieron poca comida y agua y fueron sometidos a condiciones miserables. Agotados y angustiados, fueron enviados desde allí a los campos de internamiento de Drancy, Pithiviers y Beaune-la-Rolande. Más tarde, la mayoría fue enviada a Auschwitz.
Fue una detención de proporciones masivas, una mancha en la historia de Francia. Conocemos esta historia gracias a testimonios de testigos, a las memorias de los pocos sobrevivientes y a una enorme cantidad de documentos policiales. Solo se conoce una fotografía de aquella redada. En ella se aprecian cinco autobuses estacionados junto al Vélodrome d’Hiver. Lo más probable es que la imagen haya sido tomada de manera clandestina desde una ventana cercana. Con el descubrimiento y la exhibición de este nuevo grupo de fotografías, la imagen y la comprensión del Holocausto en Francia se han profundizado.
El valor de una imagen depende completamente de su contexto. Tomadas para demostrar una supuesta superioridad racial, estas 98 fotografías —expuestas hasta diciembre— muestran hoy depravación. También sacuden la memoria y la refuerzan frente al paso del tiempo. En una era efímera de documentación masiva —de nuestras propias vidas, de nuestra existencia pública y privada— la reaparición de estas fotografías es un recordatorio tangible de que algunas imágenes se niegan a ser borradas de nuestro pasado colectivo.
Jean-Marc Dreyfus es historiador del Holocausto en la Universidad de Manchester. Es coautor, junto con Lior Lalieu, de La Rafle du Billet Vert. 14 de mayo de 1941. Les Photos Retrouvées. También son cocuradores de la exposición de las 98 fotografías en el Mémorial de la Shoah, en París.
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Rolando Hernández.
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